CITAS


Donde se forjan los sueños. La librería que cuenta cuentos. Capítulo III. Escondidos en Navidad

Librería Merienda de Letras, «Martina y Sol» Ilustración Martina Go

Llegó el tiempo de Adviento, y la librera comenzó una actividad frenética en la librería. El olor a libro nuevo inundaba toda la tienda. La mujer menuda se organizaba para colocar los diferentes volúmenes pero al ser una librería pequeña, el espacio se fue reduciendo. Nuestra librera no tuvo más remedio que recoger algunos de nuestros amigos, los muñecos, y llevarlos al almacén. Solo Merceditas y Sofía, la vaca, permanecieron en la librería.
Por las noches se les escuchaba refunfuñar dentro en la caja de cartón donde estaban relegados. ¡Todos estaban muy, muy, enfadados!
-¡Que barbaridad, esto es inaudito! – exclamaba el dragón cartón caja de huevos.
-¡Después de todo lo que hemos hecho por ella! ¡Ingrata! – recriminaba doña fresita
Merceditas comprendía que sus amigos estuvieran enfadados, también sabía que la librera no tenía otras opciones hasta que pasaran las fiestas navideñas y las baldas quedaran más vacías.
Comenzaron los preparativos para la decoración navideña. La ciudad se iba llenando de esa bruma que baña todo el ambiente con un halo de alegría. Pero nuestra librera estaba triste.

Estaba triste, aunque había decorado el escaparate con gnomos y guirnaldas de acebo. Estaba triste, a pesar de que había colocado un festón de luces diminutas que alumbraban constantemente el escaparate dando brillo y luminosidad a los cuentos que allí se exhibían. Estaba triste, porque la música que sonaba constantemente en el local no eran los alegres y desenfadados villancicos, sino una música mohína que invitaba a la melancolía. ¡Ella no era así!- pensaba Merceditas
Y mientras la muñeca de trapo andaba preocupada por su librera, los demás habitantes de la librería estaban inquietos por su nueva situación.
Tengo miedo ¡Y si nos deja aquí para siempre, siempre por siempre! dijo la ovejita de peluche lloriqueando
¡Anda ya! No seas exagerada. ¡Tu como es habitual, eres la alegría de la fiesta!- respondió el cerdito rosa algo enfadado. Pero él también estaba preocupado y pensaba como Ovejita, si sería verdad que la librera les iba a dejar allí para siempre, por siempre.
¿Tendremos que hacer algo, digo yo? -Sugirió la hormiga articulada Borja.
– Evidentemente. -Comentó doña fresita ¿Pero qué?

Era la mañana anterior a la Navidad, la mañana más maravillosa del año, nuestra librera se estaba preparando para recibir a los niños, pues tenía un taller de cuenta-cuentos. La librería era un primor y todos los libros estaban colocados con amor. Lucecitas, hojas de acebo, la decoración navideña se había apropiado del lugar. Hacía frío tras los cristales del escaparate. La niebla inundaba la calle pero un cerco de luz se abría paso insistentemente. Esto daría lugar, sin dudas, a un frío pero bonito y soleado día de invierno.
De pronto se oyó un sollozo ahogado en la parte de atrás de la tienda. Merceditas de cara al escaparate, mirando la calle, no podía ver lo que ocurría en la parte posterior de la librería. La aflicción que había acompañado cada día a la librera en aquellas semanas previas, se quebró en llanto.
Todo estaba preparado para “Cuento de Navidad” de Charles Dickens, uno de sus cuentos favoritos, el relato seleccionado para aquella mañana. Las alfombras estaban extendidas, el espacio diáfano para el pequeño espectáculo. Y ella empezó a vestirse con un atuendo de época. Comenzó a probar el sonido de la suave música que acompañaría el evento, pero la congoja se mezclaba con los acordes de un clásico villancico que sonaba en aquel momento.
¡La van a pillar llorando! – pensó Mercedidas. ¡Pero qué le pasará a esta mujer!
“La amargura hunde sus raíces en el fondo de un baúl guardado en el alma”. Había escuchado en alguna ocasión Merceditas narrar en una de sus historias a la librera, pero también sabía, por los cuentos, que existían mariposas que como hadas, revolotean y pintan de colores todo aquello que nos entristece y apena.
¡Ojalá, hicieran lo mismo con ella! ¡Ojalá, encuentre sus mariposas de colores!- pensó Merceditas
De pronto abrieron la puerta. Una niña, vecina del barrio, Martina, entró para preguntar a qué hora comenzaba el cuenta-cuentos. La librera secó precipitadamente sus lágrimas. Martina, alegre y vivaracha, como siempre, la saludó más feliz que de costumbre ¡eran vacaciones! Tras un ratito de corta conversación se despidieron y la librera volvió a sonreír. Martina le había traído las mariposas que tanto necesitaba.
La Navidad es un preciado tiempo. Ella siempre lo había guardado en su corazón como un valioso tesoro, como una pequeña bola de cristal navideña llena de nieve artificial con un entrañable paisaje invernal en su interior, que removía en tiempo de nostalgia. Estas navidades iban a ser muy diferentes… Martina sin querer le recordó que en nuestro corazón llevamos siempre colgados, como si de un tendedero se tratase, los besos, las caricias, las miradas, las palabras de aquellos que nos quisieron y a los que quisimos y queremos…No importa dónde estén ahora, porqué están en nuestro corazón prendidos de él. ¡Y no debemos, no podemos estar tristes porque no marcharon, lo mejor de ellos está en nosotros y por este maravilloso motivo debemos festejarlo!
Aquel día la narración de “Cuento de Navidad” estuvo cargada de emoción. Los niños disfrutaron muchísimo y después tomaron dulces navideños y cantaron villancicos.
Por la noche, la noche de nochebuena, la librera, con las prisa y la precipitación por cerrar y festejar la fiesta en familia, dejó entreabierta la puerta del almacén. Aprovechando este descuido, Merceditas y Sofía, la vaca, echaron a correr hacia la misma y con gran esfuerzo la terminaron de abrir. Después buscaron la caja donde la librera había guardado a sus amigos. Merceditas había preparado con restos de los dulces que los niños habían dejado, todo un banquete navideño. Sacaron de su escondite a Dragón cartón caja de huevos, a Doña fresita, a la Ovejita de peluche, a Laura, a la hormiga articulada Borja… ¡Y todos, todos festejaron escondidos una Navidad fantástica!

Soledad Portero Piedehierro

PREMIO CERVANTES 2019

NO TIRES LAS CARTAS DE AMOR

Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.

www.joanmargarit.com.

UNO Y SIETE, Gianni Rodari, Cuentos por teléfono.

He conocido a un niño que era siete niños.

Vivía en Roma, se llamaba Paolo y su padre era tranviario.

Pero también vivía en París, se llamaba Jean y su padre trabajaba en una fábrica de automóviles.

Pero también vivía en Berlín, y allá se llamaba Kurt y su padre era profesor de violonchelo.

Pero también vivía en Moscú, se llamaba Yuri, como el astronauta Gagarin, y su padre era albañil y estudiaba matemáticas.

Pero también vivá en Nueva York, se llamaba Jimmy y su padre tenía una gasolinera.

¿Cuántos he dicho? Cinco. Faltan dos:

Uno se llamaba Chu, vivía en Shanghai y su padre era pescador. El último se llamaba Pablo , y vivía en Buenos Aires y su padre era pintor de brocha gorda.

Paolo, Jean, Kurt, Yuri, Jimmy, Chu, y Pablo eran siete, pero eran a la vez el mismo niño que tenía ocho años, sabía leer y escribir e iba en bicicleta sin poner las manos en el manillar.

Paolo era moreno, Jean rubio y Kurt castaño, pero eran el mismo niño. Pablo iba al cine en español y Jimmy en inglés pero eran el mismo niño y reían en el mismo idioma.

Ahora los siete son mayores y ya no podrán hacerse la guerra porque los siete son un solo hombre.

GIANNI RODARI, «Cuentos por teléfono» Ed. Juventud Barcelona 1973

El mendigo. O mendigo

El mendigo bajaba por la calle. Con las manos en los bolsillos, tranquilo, canturreaba algo de primavera, de amor de pajaritos. Las señoras escondían sus rostros tras los abanicos. Los hombres se paraban, mirando indignados. El mendigo se detuvo delante de la terraza del café y empezó a rebuscar en los bolsillos sin mucha esperanza. En el último encontró una moneda y sonrió desdentado. Hizo una venia, agradeciendo a un público invisible, y fue a sentarse a una de las mesas, cruzando las piernas y apoyado casualmente con las manos detrás de la cabeza, ignorando a la gente que a su alrededor lo observaba con repulsa y antipatía.

El camarero apareció jadeando con un paño blanco en el brazo.

–Lo siento mucho. Está reservado el derecho de admisión. Está escrito allí.

–¿El derecho de qué?

–De admisión. ¿Sabe? La Dirección del establecimiento tiene el derecho de poder elegir a quien puede o no estar aquí. No pueden venir por aquí ciertas personas.

El mendigo miró alrededor hacia las personas que lo observaban con mala cara.

–Tal vez la Dirección tenga razón. Aquí en confianza, tampoco me parecen gran cosa.

Puso la moneda sobre la mesa y dijo amablemente:

–Tráigame un café, por favor. Y dígale a la Dirección que les deje quedarse. Lo que es por mí, no me importa.

Luís Correia Carmelo .

Traducción Pedro L. Cuadrado

Club de Lectura Juvenil

NOVEDADES EN LIBRERÍA MERIENDA DE LETRAS
¿Te gusta leer? ¿Pasar un rato con amigos? ¿Cual es el tipo de literatura que más te gusta? ¿Estas dispuesto a experimentar otras dimensiones monstruosamente divertidas? Te proponemos compartir ideas, risas y experiencias lectoras. Pásate por nuestra librería e infórmate. Para empezar este CLUB DE LECTURA JUVENIL esta librera ha seleccionado a elegir por los asistentes:
«La viuda y el loro» Virginia Woolf un encantador cuento sobre el amor a los animales que fue escrito por Virginia Woolf expresamente para un diario familiar que editaban sus sobrinos. Narra la historia de una viuda que recibe en herencia una casa ruinosa y un astuto loro. Pero evidentemente hay más…Se trata de una pequeña muestra del talento de su autora y de su capacidad para construir historias que mantienen el suspense hasta el final.
«El Fantasma de Canterville» Oscar Wilde
«Digamos que es una narración modélica en su género. Divertida, sorprendente, sutil, muy wildeana y bruñida como un espejo que tiene más profundidad de lo que pudiera parecer a primera vista. Para alcanzar ese prodigioso equilibrio se suman dos ingredientes literarios: el cuento de fantasmas y Oscar Wilde.» Lucíano G. Egido. El Pais
Personalmente fue un cuento que me atrapó de principio a fin. Me divertí muchísimo, me reí a carcajadas, sin dejar de pasar algo de miedo. Pero además confraternicé con ese fantasma aristocrático y desdichado.
Pero estas son mis propuestas, podéis cambiarlas. ¡Os espero en librería MERIENDA DE LETRAS! Plaza de Santa Marta Bajo local 1B 06004 BADAJOZ

¡A qué esperáis devoradores de letras!

Café con Mayúsculas

NOVEDADES EN MERIENDA DE LETRAS
El otoño invita al recogimiento, a la lectura, a la buena conversación y la tertulia. Por este motivo en nuestra librería os frecemos CAFÉ CON MAYÚSCULAS. Pasa e infórmate.

You Can Do It!

Desde nuestra librería hemos querido hacer un hueco a una recopilación de libros con un enfoque feminista y diferente. En esta selección de libros encontramos autoras como: Trilogía de la huida, Dulce Chacón La flor púrpura Chimamanda Ngozi Adichie Mamá desobediente, Esther Vivas, Cómo ser mujer Caitlin Moran, La mejor madre del mundo, Nuria Labari, Mujeres y Poder. Un manifiesto Mary Beard No es país para coños, y Matermofobia de Diana López Varela . Todos los títulos están a vuestra disposición en nuestra librería.

No hubo nunca mejor época que ésta para ser mujer: ahora existen el voto femenino y la píldora , y desde 1727 ya no envían a las mujeres a la hoguera por brujas. Pero ¿cómo ser mujer?
«La flor púrpura es una novela inteligente que se lee con desgarro y alegría» Carlos Pardo, Babelia, El País

«No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura»
Tres historias narradas con una voz poderosa y emocionante que los lectores reconocen.
«Una tejedora de sentimientos. La escritora que le dio fuerza a la ternura y ternura a la fuerza en una íntima relación de igual a igual» Luis Sepulveda.

El bar de las grandes esperanzas, J.R. MOEHRINGER

«He aquí un libro que les emocionará hasta obturarles la tráquea. De lo mejor que he leído en mucho tiempo» Kiko Amat, Babelia de EL PAÍS
«Lo recomiendo fervorosamente. Una delicia de introspección, humor y relato vital» Enerto Ayala-Dip
«Un narrador magnénico y fascinante» Carina Farreras, Cultura/s de La Vanguardia.
«Un relato poético y conmovedor de su juventud sin padre, pero con la compañía de los personajes dickensianos que acudían al bar de la esquina» The New York Times.

Os dejo este enlace de Babelia, El País. https://elpais.com/cultura/2015/09/02/babelia/1441210274_504887.html

Artículo muy interesante realizado por Kiko Amat del libro «El bar de las grandes esperanzas» y sobre su autor J.R. MOEHRINGER. .

Podréis encontrar esta maravillosa novela, como siempre, en nuestra librería.

Donde se forjan los sueños: La librería que cuenta cuentos

Érase una vez una librería que nació de la idea loca de una cuentista cabezona. Era tal el empeño y tanta la ilusión que la pequeña librería apareció una soleada mañana de marzo. La librera, menuda y alegre, comenzó a limpiar, amueblar y a decorar. Pintó la fachada de azul, ¡azul como el cielo, ¡cómo los sueños! Entonces buscó un nombre…oh ¡Qué bonito! ¡Merienda de Letras! Pero la librería estaba triste, porque estaba vacía. Sí, no tenía libros, no tenía vida, ni magia, ¡ni dueños!  Así que nuestra librera cuentista decidió llenarla de cuentos. Cuentos de dragones, caballeros y hadas. Cuentos de vacas, cerditos y orugas glotonas. Cuentos de monstruos de colores, de tortugas, de conejitos… ¡Cuentos cargados de aventuras piratas, de viajes extraordinarios! Ocuparía todas las estanterías llenándolas de la maravillosa magia de los cuentos. ¡Ah! Pero aún faltaba algo, sí faltaban los niños, los auténticos “devoradores de letras”. Estos traerían la alegría, las risas, el asombro y la emoción.

Mientras tanto, por las noches todos los personajes de los cuentos saltaban de las estanterías y se colocaban en el escaparate, expectantes y ansiosos.

•             Los señores ratones se frotarán las patitas -murmuró una vieja vaca de peluche.

•             ¡Libros nuevos!¡Libros nuevos! ¡Qué delicia! ¡Con lo bien que huelen, jajaja, mejor sabrán! – pensaba un arata de alcantarilla que miraba desde la otra esquina de la plaza.

El señor Monstruo de colores tuvo una genial idea, decidió pintar el suelo de naranja, verde y amarillo así cuando los ratones asaltaran la librería, estos se quedarían pegados al suelo o dejarían sus huellas por todo el local y les darían caza.

•             ¡Excelente idea! – Aplaudió el señor “Dragón cartón de huevos”, y yo desprenderé una de mis terribles llamaradas. ¡Ya veréis como corren!

•             ¡Nada de eso! -intervino la señora Tortuga Clementina. ¡Cómo se le ocurre lanzar fuego donde hay tanto papel! ¡Qué barbaridad! Déjenos a nosotros.

A todo esto, la librera, alegra y despreocupada ordenaba aquí y allá los libros, los cuentos sin imaginar siquiera lo que se estaba “cociendo”…

Soledad Portero Piedehierro