JUNIO

Poema de la semana (112) –  (13-6-2022)

Llegas de nuevo, río transparente,

todo cielo y verdor, nubes pasmadas,

lluvias o cabelleras desatadas,

plenitud, ola inmóvil y fluente.

Tu luz moja una fecha adolescente:

rozan las manos formas vislumbradas,

los labios besan sombras ya besadas,

los ojos ven, el corazón presiente.

¡Hora de eternidad, toda presencia,

el tiempo en ti se colma y desemboca

y todo cobra ser, hasta la ausencia!

El corazón presiente y se incorpora,

mentida plenitud que nadie toca:

hoy es ayer y es siempre y es deshora.

Octavio Paz

(Ciudad de México, 1914 – 1998)

VERANO 1966

Poema de la semana (101) – ❖ (6-6-2022)

Foto Sol Portero

Cuando me extiendo junto al mar,
existe el agua y su palpitación
y un cielo azul cuya profundidad
es demasiado grande para mí.

Sentir el mar, su lentitud viviente,
es la magnificencia y el olvido,
pero sentir la vida de los camaradas
en ser el camarada de uno mismo.

El cielo inmóvil tiene su razón, lo sé,
pero la razón que hay en nosotros
existirá aún cuando este cielo
hay sido borrado por el viento y el frío.

Antonio Gamoneda
(1931)

PARA ENTONCES

Sol Portero, Puerto de Santa María (11/08/2019)

Poema de la semana (110) – ❖ (30-5-2022)

Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía
y el alma un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz triste retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira;
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven; antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona,
cuando la vida dice aún: «Soy tuya»,
aunque sepamos bien que nos traiciona.

Manuel Gutiérrez Nájera
(Ciudad de México, 1859 – Ib., 1895)

LA CORONA DEL MAR

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Felices los felices

Poema de la semana (109) –  

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Felices los felices,

los más fuertes,

los timoneles de su mar propicio,

los de la risa madre de lo propio,

los ilesos del poso de la vida,

los ilusos del paso de los sueños.

Ya estaban en su orilla y nos llamaban,

los desde siempre en pos,

los más alerta,

los embebidos del primer aroma,

los del cristal de aumento sobre nada,

los de la lupa en paz del sol desnudo.

Nos honran con su luz los atrevidos,

los de la desmesura,

los radiantes de ser nos enaltecen.

Los trágicos alegres en su cáliz.

Dichosos los dichosos en su dicha,

los del humor febril del universo,

los simples partidarios, los devotos,

los de la pura razón voluptuosa.

Los dilapidadores nos redimen,

los héroes terrestres, los sin culpa,

los de ya no caber en sí de gozo,

los en su misma esencia,

los posesos.

Y felices nosotros,

sus discípulos.

Por lamernos en miel la llaga viva,

por extasiados en el tiempo amigo,

por aprendices de este amor demente.

Carlos Marzal

(Valencia, 1961 )

ENVEJECER

Poema de la semana (108) – ❖ (16-5-2022)

Vacilar en medio de la frase

Preguntar cuando se cree
haber comprendido

No tener más prisa
por querer saber

Retener una piedra un cristal
una mano más de lo necesario

Tocar al hablar el brazo del interlocutor
para sentir que se está aún aquí

Perder un libro una mirada una piel
y no querer ya encontrarlos

Recordar en vez de anhelar

Entrenar como un músculo el pensamiento:
todo esto estará aquí después de mí

Sentir como si hubiera alguien en la habitación

Ulla Hahn
(Kirchhundem, 1945)

MUJER

MUJER

Cuando eras
jovencita incordiabas
como una mancha en la corbata. Hasta el pie
te servía de arma, so salvaje.

Y qué difícil eras de atrapar.
Todavía eres joven. Todavía eres guapa.

Las huellas de los años (aquellos años del dolor) unen
hoy nuestras almas, las convierten en una. Y,
tras el pelo negrísimo que ahora
se me enreda en los dedos, ya no temo tu blanca,
pequeña, aguda oreja de diablillo.

Umberto Saba
(Trieste, 1883 – Gorizia, 1957)

Umberto Saba

POEMA DE LA SEMANA

ROMANCE DEL PRISIONERO
Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
dele Dios mal galardón.